LA VIDA QUE
ELEGISTE
Hay días que
quisieras escaparte y regresar. Meterte al túnel del tiempo o tomar en tu mano
el tiempo y arrugarlo como una hoja de papel y decir: todo esto no pasó.
Entonces levantar la mirada y observar que a tu alrededor todo está igual…La
casa de tus papás, tus hermanos jugando, el olor de la comida del domingo, el
mismo sol, aquellos amigos. Hay días que quieres meterte de nuevo en la foto,
cuando éramos unidos y estábamos juntos. Cuando a nadie se le ocurrían las
distancias, y pensábamos que siempre seríamos pequeños, que siempre jugaríamos
a la pelota en la calle, que nadie se iba a morir, que una casa bastaba para
todos.
Hay días que
darías todo el oro del mundo para volver a estar aunque sea un minuto, en uno
de aquellos momentos perfectos. Tomado la leche de la tarde, acariciando el
rostro sin afeitar de tu padre, haciendo un dibujo lleno de amor para el día de
la madre, pensando que harías miles, un cada año o cada mes…y solo fueron dos o
tres. Los días sin heridas, sin temores, cuando se cerraba la puerta después
que entraba el último. Cuando ni en sueños pensabas faltar a un cumpleaños y
ahora no puedes ir a ninguno.
Y te sientes
afuera, lejos, mirando por el cristal empañado de la ventana del tiempo que
lindas cosas ocurren allá lejos y hace tiempo.
Luego te das
vuelta, como un forastero que espió por la ventana de una casa ajena, metes tus
manos en los bolsillos y con una lágrima en la mejilla te pierdes en la
oscuridad de la noche. Mañana será otro día y amanecerás en la vida y la
realidad que elegiste...
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